JUVENIL A | JORNADA 4
UNA DERROTA QUE DEBE SERVIRNOS PARA APRENDER
Cuarta jornada para nuestro Juvenil A y esta vez tocaba desplazarnos hasta Alaquàs para enfrentarnos a nuestros vecinos en un partido que afrontábamos con especial ilusión.
Después de tres jornadas muy complicadas, llegaba un encuentro en el que confiábamos en poder competir de tú a tú y empezar a sumar nuestros primeros puntos de la temporada.
El equipo había trabajado bien durante la semana. Los entrenamientos habían sido positivos, las ganas estaban ahí y los chicos llegaban motivados, conscientes de que teníamos una buena oportunidad por delante.
Pero, una vez más, el comienzo no fue el que esperábamos.
Saltamos a la pista demasiado replegados, con poca iniciativa y sin la intensidad necesaria para afrontar un partido de estas características. Esa falta de valentía en los primeros minutos permitió al rival sentirse cómodo, hacerse con el control del juego y aprovechar nuestras dudas.
Y llegaron los goles.
Dos tantos prácticamente consecutivos colocaban un preocupante 2-0 cuando apenas habíamos empezado. Otra vez tocaba remar contracorriente.
Sin embargo, esta vez el equipo consiguió reaccionar.
Dimos un paso adelante, adelantamos líneas y empezamos a presionar mucho más arriba. La actitud cambió, comenzamos a recuperar balones en zonas peligrosas y, poco a poco, el partido empezó a tener otro color.
RUBÉN SE ESTRENA Y EL EQUIPO REACCIONA
Y apareció Rubén.
Nuestra nueva incorporación no tardó en estrenarse con la camiseta del equipo y consiguió anotar el 2-1, un gol que nos devolvía de lleno al encuentro y premiaba esos minutos en los que habíamos conseguido cambiar la dinámica.
El equipo creció, llegaron las ocasiones, aumentó la confianza y durante varios minutos tuvimos la sensación de que el empate estaba cada vez más cerca.
Pero el fútbol sala tiene estas cosas.
Cuando mejor estábamos y más cerca parecía el 2-2, llegó un nuevo golpe del rival.
3-1.
Un gol que nos hizo mucho daño porque llegaba precisamente cuando habíamos conseguido recuperar las sensaciones y estábamos haciendo méritos para equilibrar el marcador.
Aun así, seguimos intentándolo. Generamos oportunidades, competimos mejor y buscamos recortar distancias, pero el balón no quiso entrar.
Con ese 3-1 llegábamos al descanso.
El resultado no era bueno, pero habíamos demostrado que, cuando el equipo se atrevía a presionar, jugar con intensidad y creer en sus posibilidades, podía plantar cara al rival.
Todavía quedaba toda una segunda parte por delante.
UNA SEGUNDA PARTE MARCADA POR LA TENSIÓN
En el vestuario hablamos de lo que necesitábamos corregir. Había que mantener la intensidad, no volver a cometer los errores del inicio y, sobre todo, seguir compitiendo con la cabeza fría.
Sin embargo, la segunda mitad terminó convirtiéndose en un partido muy diferente al que todos habíamos imaginado.
Varias decisiones arbitrales que consideramos perjudiciales para nuestros intereses fueron aumentando el nerviosismo sobre la pista. La tensión fue creciendo, aparecieron las protestas y el encuentro entró en una dinámica que no benefició a ninguno de los dos equipos.
Las tarjetas amarillas comenzaron a acumularse y llegaron también las expulsiones por parte de ambos conjuntos.
El partido se calentó demasiado.
Y, por desgracia, nosotros tampoco supimos gestionar la situación como debíamos.
Entre interrupciones, inferioridades numéricas y un ambiente cada vez más complicado, el fútbol sala fue perdiendo protagonismo. Ambos equipos consiguieron marcar en situaciones de inferioridad, pero el marcador continuó creciendo en nuestra contra hasta alcanzar el doloroso 8-2 definitivo.
Una derrota dura, pero esta vez, más allá del resultado, hay algo que debemos analizar con especial atención: la imagen que ofrecimos en determinados momentos del encuentro.
TOCA HACER AUTOCRÍTICA
Desde estas líneas queremos pedir disculpas por aquellas actitudes y comportamientos que no estuvieron a la altura de lo que queremos representar como equipo.
Podemos equivocarnos. Podemos sentir frustración. Podemos considerar que una decisión arbitral es injusta. Todo eso forma parte del deporte.
Pero nada de ello debe hacernos perder el respeto, el control o los valores que intentamos transmitir cada semana.
Y eso también se entrena.
Porque formar un equipo no consiste únicamente en enseñar a defender, atacar o presionar. También consiste en aprender a gestionar las emociones, aceptar las dificultades y comportarse correctamente cuando las cosas no salen como esperábamos.
Perder forma parte del deporte. Lo que verdaderamente nos define es cómo aceptamos esa derrota, cómo nos comportamos ante la adversidad y, sobre todo, cómo somos capaces de levantarnos después.
Estamos construyendo un equipo joven, en una categoría exigente y con mucho camino por recorrer. Sabíamos que habría momentos difíciles, pero también sabemos que estas experiencias deben servirnos para crecer, tanto dentro como fuera de la pista.
Ahora toca trabajar. Y no solamente los aspectos tácticos o técnicos.
Toca recuperar la calma, reforzar el compromiso colectivo y recordar que, por encima de cualquier resultado, representamos a un equipo, a un club y a unos valores.
Gracias a las familias que continúan acompañándonos y apoyándonos en este inicio de temporada tan complicado.
Nos queda mucho por aprender, mucho por mejorar y mucho por demostrar. La respuesta debe llegar trabajando, manteniéndonos unidos y demostrando en la pista quiénes queremos ser.
